En el pueblo


En el pueblo vivíamos cerca de la iglesia y del silo.

Nuestros vecinos eran, la tía Agustina “La gata” la tía Antonia “Carinda”, la tía “Trespana”, el tío Pablo “Jorquilla” y la tía Matilde “La coscona” que era rica.

Vivía junto a nosotros, en una casa pequeñina. Tenía una lumbre para calentarse y un jamón colgao en la habitación, con el que se hacía sopas todos los días…eso decía mi madre.

Cuando vivía su marido, que fue muy importante, vivía en una casa grande y con cosas muy bonitas y caras. Pero ahora la tenía cerrada con todo dentro y vivía aquí, con sólo ase jamón y casi sin leña.

Todas las noches venía a nuestra casa a calentarse con el brasero.

Mi padre decía siempre: -¡dile que ya nos vamos a acostar...! y se reía.

Las mellizas ya habían crecido. Ahora comían unas papas muy ricas que se hacían con harina tostada. Yo siempre me comía la parte que quedaba en el cazo, que me gustaba mucho.

Cuando la tía Victoria iba al río a lavar los pañales y la ropita, yo me iba con ella.

La ayudaba a solear la ropa, a tenderla en las escobas o a tirar del cobanillo cuando regresábamos cargadas para casa. En el verano, el río chico se secaba y había que ir más lejos, al río grande o al pozo “las chapas”. Pero sacar el agua con el cubo para lavar, era mu cansao.

Por las tardes, en la resolana, cuando hacía mucho caló y estaba todo el pueblo quieto, se sentaban todas las vecinas a coser las sábanas, a repasar la ropa o hacer calcetines.
Mientras se oía la novela. A la abuela la gustaba mucho “Lucecita” pero mi madre y la tía Agustina, escuchaban “Simplemente María” que decían que estaba mucho más interesante.

Las niñas jugaban “al truque”, a la comba, a la goma, a pillar…pero a mí se me daba muy mal todo eso y sólo estaba allí sentada. “Dando la tabarra” decía mi madre.

Esto era por el verano, pero en septiembre: ¡comenzó el colegio!

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3 comentarios:

B dijo...

me gustaría escuchar una buena radionovela de las de antes, de esas que dejaban un lugar amplio a la imaginación de cada oyente mientras hacían otras cosas a la vez. Ahora las telenovelas paralizan a la gente en sus casas haga día bueno o malo. Odio que las tontas no vayan al cielo y que sin tetas no haya paraíso y para colmo odio ser Bea!grrrrr
Tengo ganas de saber qué ocurrió cuando comenzó el colegio Celeste :)
Un abrazo grande

Miriam dijo...

A mi madre aun le gusta ser pequeña. Acompañar a su tía Vitoria a lavar la ropa a la pileta. Ponerse a la lumbre con tío Manolo y calentar agua en el puchero.
Le acompaño a la matanza para ver que se está faenando y saludar a la familia.
Aun mata cura curatos y les canta “cura curato se no… te mato! Después de eso como el insecto no canta hay que pisarle fuerte sin remilgos.
La gente en el pueblo la sigue conociendo.

20 de junio de 2008 14:26

Pilar M Clares dijo...

Lo qeu te gustaba, amiga, seguramente era chafardear entre las palabras de las mujeres mientras hacían las faenas. El mundo era, es aún con seguridad, desigual y la peor parte la llevaban las mujeres. Esos encuentros entre ellas, sus charlas, eran el lugar común y seguramente m´´as de un grave asunto allí se resolvía. En el mundo árabe hoy en día sigue siendo en las zonas más rurales así, y las menos conservan esa tendencia a reunirse las féminas y construir su propio mundo.

Qué delicia seguir tu vida que acaba de empezar, como ahora mismo. ¿No empezamos continuamente?

Un abrazo muy gordo